DANIEL RICARDO HERNANDEZ
EL UNIVERSAL
La península de Paria, en el Estado Sucre, es una de
las zonas predilectas por las tortugas marinas, especialmente
para anidar y permitir la continuidad de una especie que lucha
por escapar de la condena de una posible extinción.
Pero, visto que la especie por sí sola no es capaz de
borrar la condena, el Centro de Investigación y Conservación
de Tortugas Marinas (Cictmar) ha desarrollado un programa
de protección de las cinco variedades de tortugas marinas
que llegan hasta las playas sucrenses, formalmente desde 2001:
"Hemos liberado 35 mil crías hasta la fecha", comenta
Hedelvy Guada, presidenta de la asociación ambientalista,
quien destaca que las labores incluyen el trasplante de nidos
hacia sitios más seguros, así como campañas
de divulgación y talleres de concientización para
pobladores y pescadores, sobre la existencia de un marco legal
que pena la explotación de estos reptiles del mar y la
necesidad de preservarlos.
Guada precisa que el proyecto de Cictmar, desarrollado
específicamente en las playas de Sipara y Querepare,
se centra durante la temporada de anidación, de marzo
a julio. "Cuando las hembras salen a desovar, las medimos,
evaluamos sus condiciones de salud; las identificamos por
medio de placas metálicas y por microchips que les
insertamos en los hombros derechos", explica. En seis años
han marcado 400 hembras; machos no ha sido posible porque
éstos no salen del agua. Sólo permanecen fuera
de ella cuando nacen.
Salvando a los pequeños
La idea de trasplantar nidos de tortugas, lo
que equivale a sacar los huevos del sitio donde originalmente
puso la hembra y llevarlos a un lugar más seguro
y controlado, responde a la necesidad de evitar que
el número de crías que busca el mar al salir
de cada huevo, perezca por predación o por intervención
humana. No obstante Guada reconoce que "cada vez es
menor la cantidad de tortuguillos que sale del nido
trasplantado en comparación al nido natural,
como consecuencia de la manipulación al sacar
los huevos de un sitio a otro".
No obstante esta realidad, la especialista de Cictmar
comenta que si 60% de los tortuguillos de un nido
trasplantado nacen vivos "es un éxito".
La mayoría de los ejemplares rescatados
pertenecen al grupo de las tortugas cardón,
pero también ha sido posible proteger ejemplares
de tortuga verde, carey y cabezona.
Tarea quijotesca
Guada confiesa que es el deseo de los
ambientalistas "que en algún momento
no hubiera más necesidad de trasplantar
nidos de tortugas". Pero la amenaza uso
comercial, y de paso ilegal, de caparazón,
carne y huevos del animal, amén de
la predación que se cierne sobre la
especie no les deja otra opción.
Y estas labores de conservación
son casi quijotescas, toda vez que "no
es fácil cambiar mentalidades; nuestra
presencia en las playas es como un estorbo
para la gente que está acostumbrada
a consumir tortugas o sus huevos", precisa
la líder de Cictmar.